Quiero desmitificar esta herramienta terapéutica porque el término hipnosis no es correcto pues proviene de la palabra griega “hypnos” que significa sueño. La palabra adecuada es “técnica de sugestión” y la persona que se somete a ella no está dormida ni tiene una pérdida de conciencia, sino que su concentración mejora enormemente siendo un proceso totalmente natural. Tampoco se pierde la voluntad ni la persona está bajo control del terapeuta porque para aplicar esta técnica es necesario la colaboración del sujeto, no se le puede obligar a hacer o decir algo que vaya en contra de su voluntad, la persona también puede hablar cuando se le aplica esta técnica si se le pregunta y no entraña ningún peligro.

Toda persona, en potencia, puede someterse a esta técnica pero hay que tener en cuenta las diferencias individuales que existen de unas personas a otras. Algunas pueden tener miedo a perder el control, otras pueden tener conflictos internos, etc, que afectan a su grado de sugestionabilidad. Así pues, cuando el grado de sugestionabilidad del individuo es más elevado con mayor facilidad se le puede aplicar la técnica de sugestión y los resultados son más rápidos y efectivos. Si el terapeuta es creativo y original también intervienen estas cualidades en el proceso porque dependiendo de la problemática que presente la persona hay que utilizar una serie de programas mentales y técnicas específicas para que el efecto terapéutico sea más rápido. La técnica de sugestión no se debe emplear sola para solucionar problemas, sino que debe ir acompañada de otras corrientes terapéuticas eficaces para que los resultados sean positivos, porque por sí sola en la mayoría de los casos el resultado sería pobre.

Se puede emplear en todos los problemas de tipo psicológico siendo importante la habilidad del terapeuta al manejarla para poder conseguir, en cada caso concreto, el resultado más satisfactorio junto con las demás técnicas que aplique.